es lo que mas deberķa preocuparnos...

¿Está amenazado de muerte el Mediterráneo?
No, pero los efectos del hombre, desde la pesca hasta la ocupación y transformación del litoral, pasando por la contaminación, se dejan sentir en todo su perímetro.

por - Joandomènec Ros

Entre las diversas campañas promovidas para la salvación de especies y ecosistemas exóticos, suele pasar inadvertida una preocupación de mayor alcance, que se diría restringida a los círculos académicos. Por paradójico que parezca somos mas sensibles a la preservación de la Amazonia que a la integridad del mar que ha configurado en buena medida la historia de Europa. ¿Pero es verdad que está enfermo el mare nostrum? ¿Y que significa esta expresión?

El océano se ha considerado, desde siempre, almacén inagotable de recursos y pozo sin fondo capaz de cargar con los desechos de la humanidad. Parece aceptar todo cuanto, por aire, ríos y glaciares, le llega desde tierra firme; lo digiere e incorpora a los sedimentos o a las aguas (el mar es salado, en parte, por el lavado de las rocas continentales). Entrada a la que debemos sumar los desechos antropogénicos, cuya cadencia de aflujo en los últimos años se ha acelerado.

Para calibrar los efectos perturbadores que los factores antropogénicos ejercen sobre el ecosistema marino, se puede considerar que se trata de una relación simple entre el perímetro costero (unidimensional), de donde procede la mayoría de esos efectos perturbadores, y la superficie (bidimensional) o el volumen (tridimensional) del mar, receptores de tales efectos. La relación de perímetro a superficie o volumen se hacen tanto mas desfavorable cuanto mas pequeño es un mar.

Fig.1
Fig. 1- FOCOS DE CONTAMINACION Y ALTERACION FISICA del Mediterráneo:zonas industriales,vertidos agrícolas y mineros. Se suceden de forma prácticamente ininterrumpida en la costa noroccidental. Pero es todo el perímetro de este mar el que asiste actualmente a un crecimiento demográfico, turístico e industrial generalizado.

Y el Mediterráneo es un mar pequeño que sufre una intensa presión por parte del hombre. En la veintena de países que rodean su cuenca de 3 millones de Km 2, la población se estima en 90 millones de habitantes, cifra que puede duplicarse para el año 2025. Lo mismo ocurrirá con la población flotante, que ahora es de 120 millones.

La acción del hombre se concentra sobre todo en el litoral. Para ahondar en esa interacción, veamos que sucede en una ciudad ribereña típica: Barcelona. Las aguas y los fondos marinos situados frente a la ciudad reciben vertidos domésticos, agrícolas e industriales, procedentes de la red de alcantarillado urbano, de los Ríos Besós y LLobregat y de buen número de emisarios submarinos, que alteran las características físicas , químicas y biológicas del agua y los sedimentos y que afectan a la biota y a las comunidades marinas. Las aguas contaminadas del Besós se depuran, lo que permite reutilizarlas o verterlas al mar limpias; pero los residuos solidos (o lodos de depuradora) contienen cantidades elevadas de materia orgánica, metales pesados y moléculas orgánicas sintéticas, difícilmente biodegradables, amén de otros materiales inorgánicos.



Por disparatado que parezca verter al mar materiales de desecho cargados de contaminantes, no hay muchas opciones mas: ni la incineración, ni el almacenamiento a cielo abierto ni el enterramiento solucionan el problema de la reintroducción en el medio de los contaminantes. En cambio, la deposición en el mar después de un proceso de cloración y compactación, y sobre fondos profundos y alejados de la costa, ha constituido la manera menos mala de inmovilizar los contaminantes y detraerlos de la circulación.

El estudio sedimentológico de la zona de recepción de dichos lodos ha revelado que forman una enorme lenteja, que se extiende entre los 50 y los 60 m. de profundidad, a una distancia de unos 5 Km. de la costa , y que ocupa una extensión aproximada de 5 km. por 2 Km. El espesor de la capa de lodos a la salida del emisario submarino que los transporta a este punto del fondo marino desde la costa es de unos 2 m. y se reduce a medida que se pasa de la boca del emisario al perímetro de la lenteja. El que los fangos recubran el fondo submarino podría sugerir que el depósito está inmovilizado. No hay tal. En la dirección del eje longitudinal del depósito, que corre paralelo a la costa, la corriente dominante, del NE impele y esparce hacia el SW estos materiales.

Además, estos lodos no son inertes, si no que acarrean una elevada concentración de metales pesados bifenilos policlorados ( PCD) y restos de biocidas de todos tipo. Las pocas especies de animales resistentes que viven sobre estos fondos contaminados (los gusanos poliquetos Capitella capitata y Malacoceros fuliginosus y el crustáceo tanaidáceo Iphinoe rhodaniensis) concentran los tóxicos; esas especies se hallan en la base de redes alimentaras litorales, por las que se extienden las moléculas tóxicas hasta llegar, concentradas, a los superdepredadores (biomagnificación) y al propio hombre.

La pretendida inmovilización de estos sedimentos muy contaminados es, pues, sólo parcial. Añádase a ello el empobrecimiento y simplificación de las comunidades marinas, pues sólo las especies mas tolerantes a la contaminación resisten.

Esa situación puede generalizarse a todas las grandes urbes mediterráneas, de Marsella a Atenas pasando por Nápoles y Argel. Las características de los vertidos varían en función de la importancia de efluentes industriales, agrícolas o urbanos, o de si los vertidos son de aguas contaminadas que se mezclan con las del Mediterráneo, o bien si, como en el caso de Barcelona, se vierten lodos sobre fondos profundos, pero el resultado es siempre el de un aporte importante de materiales tóxicos, de difícil metabolización.

Fig.2- MAR AZUL, MAR POBRE. El Mediterráneo aparece en esta imagen, compuesta a partir de 30 fotografías de satélite parciales obtenidas en mayo de 1980, como un mar de aguas pobres, excepto en determinadas zonas. Corresponden éstas a áreas de producción natural elevada (giro del mar de Alborán, frentes catalano-balear y liguro-provenzal, litorales fertilizados por los aportes del Ebro, el Ródano, el Po y el Nilo, áreas someras cubiertas por fanerógamas marinas del golfo de Gabés), o bien a regiones en las que la producción se debe a la eutrofización de origen humano (sobre todo mares Adriático y Negro). Los colores más cálidos (rojos) corresponden a las mayores concentraciones de clorofila, el pigmento fotosintético del fitoplacton y los macrófitos, y los más fríos (azules) a las aguas más pobres en clorofila.
Fig.2



L a contaminación litoral de origen urbano, agrícola e industrial no es la única; también incide la minería. Citemos, a este propósito, otro ejemplo tomado de la ribera occidental. Durante muchos años el mineral triturado procedente del lavado de la ganga metálica que se extrae de la Sierra de Cartagena (cuencas mineras del sureste español) se depositaba en el interior del Mar Menor, una de la mayores lagunas litorales del Mediterráneo. Hace una treintena de años cesaron los vertidos a la laguna, porque su cubeta meridional, somera, se estaba llenando con los estériles de minería. Los vertidos se derivaron hacia el Mediterráneo, en las inmediaciones del pueblecito de Portmán.

Portmán fue desde antiguo (Portus magnus le llamaban los latinos) un puerto pesquero de importancia. A comienzos de los años 60, el vertido de 7.000 toneladas diarias de estériles de minería empezó a rellenar primero el puerto, después toda la bahía y, finalmente, se esparció por la plataforma, hasta llegar al talud continental, a los 100 m. de profundidad y a varios kilómetros de la costa. La línea de costa se ha adentrado casi un kilómetro en el mar.

Este vertido, equivalente al de un río Mediterráneo, afecta no sólo al poblamiento humano, sino también al biológico. El material de desecho que constituye los estériles de minería está cargado de metales pesados (zinc, plomo y cadmio, pero también manganeso, hierro y mercurio). En un abanico que se extiende unos 3 km. hacia el E y unos 5 km. hacia el S y el W de Portmán, la fauna y la flora marina que todavía resisten el enterramiento por los estériles, las comunidades empobrecidas que éstas forman y muchas especies de interés pesquero están contaminadas. La pradera de Posidonea oceánica, la comunidad mas rica y diversa de los fondos blandos someros mediterráneos, presenta frente a Portmán un hiato de unos 10 km.

Fig.3- PORTMAN, en el litoral sudoriental de España. Este pueblo pesquero, situado en las estribaciones de una región minera, ha visto colmatada su bahía (media luna entre la línea entre la línea de costa actual y la antigua), extinguida su actividad pesquera y muy alteradas las comunidades biológicas de su litoral por un prolongado vertido al mar de estériles de minería Fig.3

Se ha dicho que Portmán es el punto mas negro de todo el Mediterráneo en lo que se refiere a contaminación por metales pesados. El 93,75% de todos los vertidos industriales que se hacen a lo largo del litoral mediterráneo español salían hasta 1990 (cuando la explotación minera cesó) por el emisario a cielo abierto de Portmán; se estima que la antigua bahía contiene 50 millones de tontladas de residuos de minería, que en algunos lugares alcanzan los 25 m. de potencia. Durante los 30 años que duraron los vertidos, las aguas frente a la bahía parecían puré de guisantes, debido al finísimo material en suspensión, lo que interfería con la dinámica normal del plancton y de los peces y producía también un resultado insólito: la "subida" a cotas batimétricas someras de especies de animales que habitan a gran profundidad, en ambientes oscuros.

A estos dos puntos localizados de emisión (ciudades y cuencas mineras) hemos de agregar una tercera fuente, aleatoria: las mareas negras. La superficie del Mediterráneo es aproximadamente el 1% de la de todos los océanos, pero por sus rutas comerciales circula cerca del 30% del petróleo mundial.


S e ha prohibido la limpieza de sentinas en mar abierto, pero todavía son pocos los puertos que poseen instalaciones adecuadas para rebañar el petróleo de los tanques de los grandes buques petroleros, y la práctica no está completamente erradicada. Las perdidas de crudo de los petroleros, sumadas a los escapes de las refinerías costeras, el goteo de gasóleo y gasolina de la embarcaciones, las pérdidas de carburantes y de aceites lubricantes de vehículos terrestres que acaban llegando al mar a través de la atmósfera o de los ríos, todo ello produce una contaminación mas sutil, pero también mas importante (la relación es de 10 a uno) que la originada por las catástofres espectaculares que sufren los petroleros. Se estima que cada año llegan al Mediterráneo unos 650.000 toneladas de hidrocarburos.

El efecto local de un vertido accidental y masivo provocado por el encallamiento o rotura de un petrolero es notable, una vez en el mar, los hidrocarburos se degradan muy lentamente; excepción hecha de las fracciones mas tóxicas que son volátiles o se diluyen pronto en el agua, la mayor parte del petróleo vertido se va convirtiendo en alquitrán y otros productos recalcitrantes, también tóxicos Estudios realizados en comunidades marinas afectadas por vertidos de petróleo señalan estas consecuencias: muy graves para los organismos bentónicos, las aves y los mamíferos; menos graves para el plancton y los peces pelágicos (pero éstos se comen las bolitas de alquitrán y mueren envenenados). Además, el alquitrán desaparece de la superficie del agua, pero permanece mucho tiempo sobre el fondo marino o es arrastrado a gran distancia por las corrientes; las comunidades originales tardan muchos años (quizás mas de 20) en recuperarse, aunque a los pocos meses algunos organismos oportunistas pueden constituir comunidades mas sencillas; los detergentes empleados para disolver el petróleo son mas perjudiciales que el propio crudo.

Algunas de las características que diferencian al Mediterráneo de los grandes océanos (ausencia de mareas importantes, oleaje reducido, poca producción biológica, elevada biodiversidad) son las que contribuyen a multiplicar el daño infligido aquí por las mareas negras. Las pesquerías de peces de fondo, la acuicultura de moluscos filtradores, los viveros para todo tipo de fauna que son las praderas de P. oceánica, los usos lúdicos de las playas son otros tantos recursos que pueden resultar afectados y no recuperarse hasta pasado largo tiempo. Hace 3 años, el petrolero Haven se hundía en el golfo de Génova; aunque había producido una pequeña marea negra, conservaba parte de su carga de crudo en los depósitos. Además de el efecto inmediato, no sólo local (la corriente que baña el mar Ligur arrastró el alquitrán a grandes distancias, hasta la Costa Azul francesa y mas allá), una parte del petróleo ha estado saliendo continuamente del petrolero hundido . Y del Haven ha sido solo uno de la media docena de accidentes que se produce cada año en el Mediterráneo.

Fig.4 Fig. 4- PRADERA DE POSIDONIA OCEANICA. Esta fanerógama (planta superior, con raíces, tallo y hojas, así como con flores, frutos y semillas) es endémica del Mediterráneo, donde forma densos prados submarinos, en aguas relativamente someras y cercanas a la costa y sobre fondos arenosos. La pradera de Posidonia es un ecosistema valiosísimo desde el punto de vista ecológico: su producción de materia orgánica es elevada, aunque en gran parte es exportada y solo una pequeña fracción es consumida in situ ; ofrece refugio a numerosos especies de peces y otros animales móviles, así como soporte a plantas y animales que viven fijos a un sustrato; todo ello le confiere una elevada diversidad en comparación con los fondos desnudos circundantes. La pradera suministra oxígeno al medio, capta partículas en suspensión en el agua, estabiliza los sedimentos (mediante sus rizomas) y protege con ello el litoral.

Pero la contaminación presenta, como Jano, otra cara. Parte de los contaminantes que llegan al mediterráneo tienen un efecto fertilizante de sus aguas azules, pobres en nutrientes y, por tanto, en producción biológica. Los nutrientes que los grandes ríos transportan al mar están en el origen de pesquerías de peces pelágicos basados en la producción planctonica (tal como la sardina o el boquerón). Con el advenimiento de los abonos químicos y de los detergentes con fosfatos, los aportes de nutrientes se han multiplicado, y algunas subcuencas Mediterráneas especialmente cerradas, así el Adriático, son incapaces de digerir este exceso de fertilizantes.

Los episodios de eutrofización del Adriático norte no son recientes, pero los últimos años han revestido una importancia tal y han causado tales daños al turismo y las pesquerías de la región, que se a puesto en marcha un plan de saneamiento de la cuenca del Po ( cuyos aportes suponen el 80% del problema ) y de depuración de los vertidos. La contaminación orgánica del Adriático produce en primavera crecimientos masivos de algas unicelulares en la columna de agua, diatomeas sobretodo, que generan grandes cantidades de polisacáridos (mucilago) , y de algas pluricelulares nitrofilas (Ulva, Enteromorpha y otras) en los fondos litorales.

Estas proliferaciones inundan las playas de masas de algas en perjuicio de la industria turística; también se ve afectada la industria pesquera , al colmatar el "mucilago" de diatomeas las redes de los pescadores. En verano, la putrefacción de las algas acumuladas en los fondos consumen todo el oxígeno, lo que crea una capa anóxida que se mantiene durante tiempo y que modifica los poblamientos bentónicos, de modo que solo las especies mas resistentes permanecen. El proceso se repite un año tras otro e impide la recuperación de los fondos; toda la cuenca del Adriático norte sufre estos episodios de proliferación algal anóxica y mortalidad animal.

Situaciones semejantes se dan en lagunas costeras eutróficas (como las de Venecia o Túnez) o áreas litorales y reciben aportes importantes de nutrientes (como el S.E. español). En el Mediterráneo oriental, los nutrientes y sus efectos llegan principalmente del mar Negro, eutrófico desde antiguo.


A lo largo del perímetro Mediterráneo, la actividad humana que produce una mayor alteración es, sin duda, el turismo. El litoral se está sembrando a modo de un inmenso continuo, de bañistas, hoteles, urbanizaciones y puertos deportivos. Se quiere duplicar el numero de plazas hoteleras, quintuplicar el numero de amarres de embarcaciones, renovar la red viaria litoral, regenerar las playas, crear campos de golf, parques acuáticos y otros servicios asociados al ocio. Casi siempre se trata de servicios consumidores de recursos valiosos ( como el paisaje o las comunidades biológicas costeras) o de los que se carece (como el agua o la arena de las playas) y , en todo caso degradadores del entorno.

El litoral balear fue, quizás, el primero en sufrir los efectos del crecimiento caótico del turismo en los años 50, con la acumulación de apartamentos, hoteles, discotecas y otras formas de alteración del paisaje. En razón de ese fenómeno se acuñó el término " Balearización" para designar la banalización del medio: desaparece la diversidad paisajística y cultural, su uniformizan playas y ciudades costeras y se generan problemas de temporada (escasez de agua potable, salinización del freático litoral y aumento de la contaminación costera) que pueden convertirse en crónicos.

La industria del turismo no deja indemne a las comunidades ecológicas litorales. La desaparición de campos de dunas de marismas costeras y de las praderas de fanerógamas marinas y de su biota es irreversible, como lo ha sido la de determinadas especies: la foca monje, las tortugas marinas, el coral rojo. los deportes náuticos la pesca deportiva y submarina y la contaminación son otros tantos azotes para las comunidades litorales. El resultado de la explotación es siempre el mismo: paisajes (en tierra y bajo el agua) monótonos, diversidad biológica baja y proliferación de especies banales en detrimento de las mas interesantes.

Fig.5 Fig.5- ELEVADA BIODIVERSIDAD del Mediterráneo representada en el mosaico de "los peces" procedente de la villa romana de La Pineda, en Tarragona (España), de principios del siglo III de nuestra era. Esa riqueza de especies contrasta con la reducida producción biológica. (Museo Nacional Arqueológico de Tarragona nº 45.456)

Aparte de los efectos perjudiciales que sobre las aguas y los fondos litorales y sus comunidades tienen los vertidos del continuo urbano, asimilables a los de una gran ciudad extendida por el litoral, la frecuentación excesiva supone la eliminación casi total de la vegetación, de la fauna piscícola, de la fauna aviar nidificante (a excepción de las gaviotas argénteas, verdaderas ratas del aire que medran en el litoral y tierra adentro ), la ocupación de áreas de puesta en aquellas playas del Mediterráneo oriental a las que todavía van a desovar las tortugas marinas, la contaminación por todo tipo de materiales de desecho, y en especial por hidrocarburos y metales pesados procedentes de las embarcaciones.


D os tipos de actuaciones de la industria turística sobre el litoral tienen, además, el contrasentido adicional de que generan unos costes económicos a fondo perdido: la construcción desmedida de puertos deportivos y la "regeneración" de playas. Amén del efecto directo de la construcción de un puerto deportivo sobre las comunidades biológicas locales, existen efectos indirectos. Las corrientes litorales, responsables del equilibrio dinámico de los sedimentos costeros, suelen ser desviadas con espigones o escolleras. Muy a menudo, el puerto se colmata de sedimentos (y entonces hay que dragarlo periódicamente); las playas inmediatas se vacían de arena (y entonces hay que "regenerarlas"), y las comunidades marinas de la zona, en especial de pradera P. oceánica acaban arrasadas. La extracción de arena y la remoción de unos fondos marinos normalmente ricos en fauna y flora pueden compararse a lo que ocurre en tierra cuando se labra un campo o se desbroza un bosque.

Fig.6
Fig. 6- CREANDO PLAYAS. La reducción de los aportes sedimentarios naturales al litoral mediterráneo ha descarnado muchas playas. La utilización de potentes dragas suctoras, que extraen arenas de fondos relativamente profundos y alejados y las depositan en el litoral, es una solución efectiva sólo a corto plazo y supone un fuerte impacto sobre los poblamientos infralitorales, en especial la pradera de Posidonea Oceánica y los fondos de bivalvos comerciales. La estabilidad de la nueva playa suele ser reducida, y su vida corta.

Dos consecuencias marginales, no directamente ecológicas, derivan de esta "regeneración" de playas. Las arenas se las lleva el mar durante el primer temporal de otoño. Pero antes, estas arenas se han enfangado (su granulometría, su disposición y pendiente sobre la playa no son las naturales, y el drenaje es defectuoso), han desprendido olores nauseabundos (por la putrefacción de la materia orgánica y de los organismos que allí vivían) y han favorecido el crecimiento de algas oportunistas, inocuas pero pegajosas (que proliferan gracias a la abundancia temporal de nutrientes). Las medidas destinadas a mejorar la playa la convierten, ya en la misma temporada estival, en un lugar que el turista evita; a medio plazo, tales actuaciones resultan inútiles. Los millones invertidos se los traga, literalmente, el mar.

¿Por que pierden arena las playas Mediterráneas? Los ríos son los principales suministradores de sedimentos, pero en el último siglo se han construido muchos embalses para abastecimiento agrícola o con fines energéticos. Los sedimentos llegan hoy al mar en mucha menor cantidad porque quedan retenidos en los embalses y, también, por que la construcción extrae arenas y gravas de los lechos de los ríos. Esto se traduce en el retroceso de los deltas (como el espectacular del delta del Nilo y el incipiente del delta del Ebro), el descarnamiento de las playas y, así mismo, el empobrecimiento en nutrientes de las aguas
costeras (con efectos negativos para algunas pesquerías, como la de la sardina).

Para paliar tales estragos se han creado parques naturales. Va en aumento el numero de áreas que gozan de cierta protección en función de sus características y del tipo de comunidades u organismos que se quieren preservar. En unos casos esta prohibida la explotación de peces u otras especies de interés comercial, en otros se impide el paso o el anclaje de embarcaciones, mientras que otras áreas pueden estar cerradas a la visita total o parcialmente. Existen reservas naturales o científicas, parques nacionales, reservas dedicadas a especies concretas, paisajes terrestres y costeros de utilización múltiple y reservas de la biosfera.

La creación y mantenimiento de áreas protegidas puede ser la mejor manera de romper el proceso de Balearización. Pero esas áreas deben tener un tamaño suficiente que garanticen su papel de protección de especie y comunidades. La visita a las mismas constituye un riesgo para la integridad de éstas. El efecto del anclaje de embarcaciones en el parque nacional de Port - Cros, en Francia, el primero del Mediterráneo (1963) en el que se protegieron los fondos y las comunidades marinas además de las emergidas, se deja sentir perceptiblemente en la pradera de Posidonia oceánica, de la que la isla posee uno de los últimos arrecifes-barrera del Mediterráneo: tanto la densidad como el tamaño de las plantas son menores en las áreas de amarre, y la población animal asociada a la pradera se ha reducido.

Fig.7
Fig. 7- CORAL ROJO. Corallium rubrun. Este gorgonario de esqueleto duro y delicados pólipos blanquecinos (abiertos en algunas de las colonias de este celentéreo han sido explotadas desde antiguo; cuando la escafandra autónoma hizo accesibles los lugares oscuros (cuevas o fondos profundos) en los que vive, la especie desapareció de muchos puntos del litoral mediterráneo occidental en los que era común. Dado el lento ritmo de crecimiento (una colonia de coral rojo de 20 cm. puede contar con 40 años de edad), la recuperación de la especie es difícil.

Uno de los pocos estudios exhaustivos sobre el impacto de los visitantes en una reserva submarina se ha llevado acabo en las islas Medes, un pequeño archipiélago de la Costa Brava (litoral noroccidental el Mediterráneo). Atraídos por la belleza de sus fondos, debida a la gran biodiversidad de especies y de comunidades marinas, buceadores de todo el mundo realizan cada año en sus aguas unas 100.000 inmersiones. En la temporada alta, en su zona submarina de túneles, cuevas y acantilados llenos de gorgonias, hasta 3.000 escafandristas diarios forman rebaños que se arrastran entre organismos fragilísimos. Algunos escafandristas arrancan gorgonias, coral o lo que sea, sacrifican erizos de mar para dar comida a los peces, o aun perturban el comportamiento de unas especies no habituadas a la frecuentación elevada. Incluso los escafandristas diligentes no siempre pueden evitar pisar el fondo, golpear con anos, codos, rodillas y aletas de las paredes recubiertas de organismos
sensibles, ni que las burbujas que se desprenden de sus escafandras se acumulen en el techo de las cuevas y necrosen los organismos allí incrustados. En consecuencia las especies y comunidades mas emblemáticas de los fondos de las islas (el coralígeno, los bosques de gorgonias, las cuevas, el coral rojo, las algas calcáreas, los briozoos) ofrecen claros síntomas
de degradación. En las zonas mas concurridas, se ha estimado que los daños producidos a la gorgonia roja, Paramuricea clavata, un cnidiario de crecimiento muy lento pueden eliminar a sus poblaciones en un plazo de 10 años.

También, por suerte hay efectos positivos, aunque estos tienen una doble lectura. Desde la protección, el numero de especies de peces vulnerables (las apreciadas por los pescadores), el numero de individuos de sus poblaciones y el tamaño de la mayoría de las especies han aumentado. Los meros (Epinephelus guaza), las lubinas (Dicentrarchus labrax) y las
doradas (Sparus aurata), entre otros, vuelven a abundar. Las especies protegidas, pues, medran.

Pero la proporción de peces grandes y medianos es excesiva con respecto a los peces pequeños: a falta de depredadores naturales, como focas, delfines o los mismos seres humanos, la población íctica de las islas Medes tiene una estructura de edades desequilibrada, propia de una población envejecida. Algunas especies de peces han sustituido al hombre en su acción depredadora: no solo los peces grandes se comen o ahuyentan a los chicos, si no que, por ejemplo, las doradas explotan los mejillones que crecen sobre las rocas.

Fig.8
Fig. 8- EFECTO RESERVA. Después de algunos años de prohibición total de la pesca, las poblaciones de peces de las reservas submarinas se recuperan. Los censos indican que el número de especies de peces aumenta, que determinadas especies vulnerables (tales el mero, la lubina y los espáridos) son más abundantes, y que el tamaño medio de los peces crece asimismo. En el gráfico, uno de los resultados del estudio de la reserva de las islas Medes, en el Mediterráneo noroccidental: en comparación con una zona no protegida, la proporción de peces medianos y grandes aumenta, al tiempo que la de los peces pequeños se reduce en la zona protegida.

El hombre actúa también de manera directa sobre el mar con la pesca. El esfuerzo de pesca -parámetro que abarca número de embarcaciones y pescadores, tonelaje, combustible empleado y otros- ha aumentado exponencialmente desde principios de siglo, en tanto que el rendimiento pesquero -cantidad de pescado y marisco desembarcado anualmente- ha crecido muy poco, siendo en la actualidad del orden de los 1.300 millones de toneladas para todo el Mediterráneo (aproximadamente el 2,3% de la pesca mundial).

En buena parte ello se debe a que el Mediterráneo es un mar poco productivo, pero también al hecho de que los pueblos mediterráneos aprecian mucho los alimentos de origen marino. Hoy se pesca mas que antaño, pero a costa de un esfuerzo de pesca desproporcionalmente grande.

Hay especies que han evolucionado bajo una elevada presión de depredación, y se han adaptado a la explotación. La sardina es una de ellas; el efecto del hombre es el de un depredador mas, y las poblaciones se recuperan relativamente bien de una pesca intensa, aunque no de una sobrepesca excesiva. Otras especies no soportan una presión pesquera tan elevada y sus poblaciones se han ido reduciendo hasta el punto de que en la actualidad algunas de ellas son raras o solo se encuentran en caladeros alejados. Como regla general, la explotación que se efectúa sobre especies pelágicas pequeñas, como la sardina, es mas aceptada por el ecosistema marino que la que afecta a las especies pelágicas grandes (atunes, peces espada) o a las demersales y bentónicas.



Las redes de arrastre y otras artes de pesca bentónica, alteran mucho los fondos. Al igual que pasa con los campos de cultivo en tierra, el paso continuo de las redes favorece a unas especies, más resistentes y capaces de recuperar rápidamente las pérdidas (serian el equivalente de las malas hierbas), en detrimento de otros, más parsimoniosas a la hora de restablecer sus poblaciones y que solo viven bien en ambientes estables, no perturbados (cuyo equivalente en tierra serían los árboles). El resultado es el empobrecimiento del ecosistema, el mantenimiento o la proliferación de especies banales y la desaparición de las más interesantes.

En muchos países mediterráneos los problemas se agravan por el aumento de la flota pesquera, propia o foránea. A ello hay que añadir la tendencia a capturar clases de tamaño cada vez menores, mediante la reducción de la abertura de malla de la redes. La instalación de redes de deriva, finas mallas que se extienden a lo largo de kilómetros, justo bajo la superficie del mar, destinadas a la captura de peces pelágicos constituye un peligro para muchos animales no comercializables que quedan atrapados en ellas y mueren de hambre (tiburones, peces luna, etc.) o ahogados (delfines, tortugas y focas, a veces también aves marinas).

Fig.9
Fig. 9- RESULTADO DE UN LANCE DE PESCA DE ARRASTRE. Las pesquerías mediterráneas de fondo se caracterizan por un bajo rendimiento, elevada diversidad de las capturas y efecto perturbador de los artes de pesca sobre fondos.

Esta captura indiscriminada ahora y la eliminación expresa desde antiguo están en la base de la desaparición de la foca monje del Mediterráneo occidental septentrional y de la reducción de las poblaciones de varias especies de delfines. Los accidentes marítimos en los que un buque embiste a un gran cetáceo no son raros, y contribuyen a la reducción de las poblaciones de estos mamíferos marinos, como sin duda lo hace la contaminación del medio. Las grandes mortandades de delfines registradas hace pocos años en las costas del Mediterráneo occidental pueden atribuirse a enfermedades víricas favorecidas por un nivel
de defensas orgánicas muy bajo, propiciado por el envenenamiento mediante metales pesados y compuestos organoclorados. Lo mismos ocurre en peces de los niveles más altos de las redes tróficas (pez espada y túnidos).


Otras consecuencias de la explotación de especies para el consumo humano caen dentro de categorías de degradación del entorno ya comentadas. Mencionaré sólo dos: la recolección de dátiles de mar y la acuicultura en jaulas. Los dátiles de mar son moluscos, que viven embutidos en las rocas calcáreas que ellos mismos perforan. En las costas italianas, su recolección se hace empleando todo tipo de herramientas, hasta martillos neumáticos, que destruyen el litoral rocoso. Así ocurre, paradójicamente, en muchas áreas protegidas.

El auge de la acuicultura está produciendo en algunos casos resultados contraproducentes sobre las comunidades litorales. Es lo que ocurre con la técnica que mantiene poblaciones de diferentes especies (doradas, lubinas, etc.) en un medio seminatural: jaulas suspendidas en aguas litorales someras. Parte del suministro de los piensos con los que se alimenta a estos animales enjaulados, y las deyecciones de los mismos, van a parar a los fondos, que se terminan eutrofizando y degradando.



La fauna y la flora no son algo estático e inmutable, sino dinámico, sujeto a cambios naturales, aunque de ritmo muy lento. El empoblamiento vegetal y animal del Mediterráneo se ha hecho a retazos: en gran parte es Atlántico y boreal, pero también tropical, y existe un número muy reducido de endemismos. Siempre han existido recolonizaciones después de extinciones generales, como las especies que procedentes del Atlántico llegaron por Gibraltar después de las diferentes fases de desecación del mar, y siempre ha habido invasiones naturales de especies extramediterráneas.

Sin embargo, determinadas actividades humanas están cambiando, a un ritmo que es superior al natural, la tasa de entrada de especies exóticas en el Mediterráneo. Estas "invasiones" suponen la eliminación por competencia de algunas especies autóctonas y la modificación drástica de las comunidades marinas. Las especies de un determinado ecosistema se reparten las funciones ecológicas, y raramente dos de ellas desempeñan el mismo papel: la mas eficiente acaba suplantando a la que lo es menos.

Primero llegaron los organismos del fouling, termino inglés que se refiere a las algas y animales que, adheridos a los cascos de los barcos, son transportados por el hombre y se encuentran distribuidos por los mares. En segundo lugar, aquellas especies que, asociadas como epibiontes o comensales a especies que el hombre cultiva, se establecen en ambientes de los que diversas barreras que el hombre ha salvado al introducirlas al cultivo, como es el caso de la ostra Atlántida o al langostino japonés en el Mediterráneo.

Fig.10
Fig. 10- INVASION VERDE. El alga Caulerpa taxifolia, una especie tropical recién llegada al Mediterráneo, se ha adaptado muy bien y se expande a un ritmo vertiginoso. Medra sobre todo tipo de sustratos y es mejor competidora que las especies de algas autóctonas y que las fanerógamas, como Posidonia Oceanica, a las que recubre y sustituye. La presencia de sustancias tóxicas en todas las especies de Caulerpa impide que los herbívoros la mantengan a raya. Los prados de C. taxifolia, a pesar de su aspecto lozano, son verdaderos desiertos para la fauna de invertebrados y peces.

El alga Sargasum muticum, que llegó en cajas de ostras japonesas y que ha adquirido un desarrollo espectacular en algunas lagunas litorales, interfiere con actividades pesqueras y de acuicultura. Son varias las especies asociadas a mejillones, ostras y demás que se han ido extendiendo a medida que el hombre introducía estas especies cultivadas en ambientes nuevos. También las propias especies cultivadas han experimentado crecimientos espectaculares como consecuencia de fugas accidentales de áreas de cultivo; ostras, langostas, nécoras, pero también especies sin valor comercial e incluso perjudiciales, como el cangrejo americano, de estuarios, han protagonizado proliferaciones episódicas.

Un tercer tipo de invasión es la denominada migración lessepsiana: la entrada, a través del canal de Suez, de muchas especies animales y algunas vegetales procedentes del mar Rojo y del océano Indico. Al ser las especies mediterráneas competidoras menos eficientes que las invasoras, éstas las suplantan. Algunas de las especies recién llegadas están convirtiéndose en plagas: no solo sustituyen a las autóctonas si no que se multiplicas más rapidamente que éstas y el efecto de su depredación sobre el entorno es mucho mayor. El seguimiento que se hace del avance de algunas de estas especies demuestra que la velocidad es de varias decenas de km. por año: la fanerógama marina Holophila stipulacea y el pez Siganus rivulatus, entre otras, se encuentra ya a medio camino del Mediterráneo, en el canal de Sicilia.

Algunas de estas invasiones tienen un origen singular. Es el caso del alga Caularpa taxifolia, introducida accidentalmente en el Mediterráneo procedente del Acuario de Mónaco. Se trata de una especie tropical con una enorme capacidad para ocupar todo tipo de fondos, sedimentarios o rocosos, y ello mediante poblamientos muy densos que recubren y ahogan a las algas autóctonas e incluso a las fanerógamas. El tamaño que alcanza la planta es mayor que el que tiene en su área de origen y también ocupa el espacio con mayor rapidez. Desde su primer avistamiento hace 10 años, la C. taxifolia ha aumentado el espacio ocupado en el litoral francés y ha llegado al italiano y al español (Baleares). Allí donde se han ensayado, los esfuerzos de erradicación han tenido poco éxito.

Fig.11
Fig. 11- EXPANSION IMPARABLE. La apertura del canal de Suez, hace 125 años, propició la entrada oriental de emigrantes procedentes del mar rojo y del océano Indico. El aumento del tráfico marítimo, la acuicultura y otras introducciones intencionadas favorecieron la colonización y posterior establecimiento de especies procedentes de todos los mares. En la ilustración se indica el progreso comprobado (mediante algunas de las fechas de observación) para dos de tales especies, un migrante lessepsiano (Siganus rivulatus, un pez) y un alga tropical introducida desde acuarios (Caulerpa taxifolia).

Los casos de S. muticum y C. taxifolia suponen no sólo sustitución de especies mediterráneas por otras autóctonas, sino modificación de las comunidades marinas o lagunares en las que se instalan. Muchas lagunas costeras están sufriendo modificaciones espectaculares de la biota y las comunidades biológicas. Quizá la mejor estudiada sea el Mar Menor, en la costa española. En los últimos veinte años, y debido a un intercambio hídrico mayor con el Mediterráneo inmediato, el Mar Menor está dejando de ser la laguna hipersalina que fue antaño y se está convirtiendo en una bahía del Mediterráneo. Sus poblamientos biológicos son cada vez más semejantes a los característicos de este mar.

No es difícil pronosticar una pérdida de identidad similar para el Mediterráneo si el hombre facilita la migración lessepsiana por levante, la introducción de especies exóticas por poniente y la proliferación, por todas partes de especies banales, resistentes a la contaminación y a la explotación humana.

¿Desaparece, pues, el Mediterráneo como tal? ¿Se muere? Para un ciudadano que viva en el arco noroccidental que va desde Cartagena a Génova, pasando por Barcelona y Marsella, entre otras grandes ciudades y conurbaciones, arco que se ha estimado que vierte al mar, por km. de costa y año, 336 toneladas de desechos de origen urbano, que sufre los efectos de la
contaminación de las industrias instaladas sobre el litoral o distribuidas por la red fluvial que arrastra los vertidos al mar, que es testigo de cómo la población ribereña se multiplica en verano, la frase "el Mediterráneo se muere" no hace más que confirmar lo que ya experimenta de forma cotidiana.

Pero el Mediterráneo es mucho más que este arco costero. Cuando se buscan datos objetivos y el diagnóstico se refiere a todo el mar, la afirmación anterior se convierte en un cliché propagandístico que conviene desmentir. A pesar de ser un mar pequeño, el Mediterráneo puede asimilar la mayoría de los productos extraños que se vierten en él. Algunos de tales productos son fertilizantes que permiten aumentar un poco la baja producción primaria. Otros desaparecen rápidamente de las aguas y quedan retenidos en el sedimento.


A través de Gibraltar, arrastrados por la lengua de agua mediterránea densa que resbala hacia el océano por debajo del agua Atlántida, más ligera, que penetra continuamente en el Mediterráneo, se escapan fósforo y otros nutrientes en que es deficitario, pero también sal y buena parte de los contaminantes. Algunos datos pueden ser escandalosos a primer golpe de vista, pero si se ponen en su contexto pierden virulencia. Por ejemplo, se ha calculado que en el Mediterráneo entran anualmente 100 toneladas de mercurio procedentes de contaminación antropogénica, pero otras 500 toneladas anuales son de origen natural. Estas han "contaminado" siempre el mar, como el azufre liberado por los volcanes y no sólo por las chimeneas industriales, la materia orgánica que los ríos arrastran normalmente o los sedimentos que las inundaciones y avenidas aportan también al litoral.

Por otra parte, algunos indicadores señalan que las medidas de prevención y saneamiento emprendidas por los gobiernos ribereños con motivo de la aplicación del Plan de Acción del Mediterráneo (adoptado en Barcelona en 1975) y del Plan Azul (emprendido en 1979 y recientemente finalizado) comienzan a notarse.

El número de playas consideradas no aptas para el baño ha pasado del 33% en 1976 al 20% en 1990; los vertidos industriales de algunos ríos se han reducido mucho: un 44% en el Ródano en los últimos años. Para cumplir las directivas comunitarias que prevén que para el año 2000 todos los vertidos fluviales deberán depurarse, muchos gobiernos están construyendo plantas depuradoras, lo que empieza a reducir la cantidad de residuos que llegan al mar. En una decena de puertos se están construyendo asimismo, o están ya en funcionamiento, instalaciones para el deslastrado de los petroleros.

Las estimas recientes sobre los niveles totales de determinados contaminantes dan cifras más bajas que en ocasiones anteriores; en algunos casos ello se debe a que los aportes de tales contaminantes han cesado (caso del DDT); en otros, a que las estimas previas se basaban en pocos datos, lo que había sesgado en monto total (caso de los hidrocarburos en general). Otros datos no son tan alentadores: estudios en áreas muy alejadas de la costa indican que, en mar abierto y en los grandes fondos, la mayor parte de los contaminantes (el 90% de los metales pesados y del 20 al 60% de los nutrientes) llegan al Mediterráneo por vía atmosférica.

La pesca de determinadas especies se está racionalizando; se están instalando "arrecifes" disuasorios estructuras en las que las redes de arrastre se enganchan. Muchas especies de animales y plantas están protegidas por ley, y ciertas comunidades de gran interés ecológico, como la pradera de P. oceánica, son objeto de protección y seguimiento. Los programas internacionales de inspección y prevención de la contaminación movilizan cada vez más presupuestos y personal.

Todas estas medidas han conseguido algunos resultados: los niveles de contaminación se mantienen similares a los de hace 20 años, lo cual es notable si se tiene en cuenta el crecimiento demográfico, turístico, agrícola e industrial de este último cuarto de siglo. El número de áreas protegidas en todo el Mediterráneo va en aumento.


A todos estos indicadores debe añadirse el más importante: el Mediterráneo es mucho más que únicamente su litoral. Cuando se consideran los grandes fondos y las aguas de alta mar, la huella del hombre es mucho menos evidente y las comunidades biológicas, por no citar la dinámica del propio mar, mucho menos afectadas. El Mediterráneo no se muere. Podríamos decir que está enfermo, pero que esta enfermedad no es terminal. Si se mantiene la tendencia de solucionar los problemas que lo aquejan, y si se llegan a tratar las causas últimas de su degradación, y no sólo los síntomas, podremos seguir teniendo un enfermo crónico al que habrá que medicar siempre, pero que no tiene por qué empeorar.

Difícilmente se volverá al mar cristalino y paradisíaco que antaño fue el Mediterráneo (como difícilmente se volverá en el continente europeo a tener las comunidades naturales -bosques, praderas, humedales, etc.- de hace mil o más años). Pero una actuación seria de los países ribereños sobre aquellos aspectos más graves que inciden sobre la salud del Mediterráneo (la pérdida de la biodiversidad y la ocupación del litoral, amén de la generación de sustancias contaminantes) puede producir una convalecencia aceptable, compatible con los usos tradicionales y que preserve su belleza, su biota y sus comunidades naturales.




BIBLIOGRAFIA COMPLEMENTARIA


Mediterráneo, Noviembre de 1996.