1998/05/29
es.charla.religion
>
Miguel, a los indios, a partir de 1513, se les lee un documento llamado
>
"Requerimiento", aprobado por las Juntas de Burgos y Valladolid,
Ese tal 'Requerimiento' no es más que un ejemplar de legislación menor, emanada de unas Juntas de Castilla que no puede ni parangonarse con la documentación papal y real que te aporto y que, desde luego, no va a estar por encima, en el orden de prelación de fuentes, de las leyes de Indias. Pero bien, quién duda que existiese normativa de inferior rango que servía para legitimar abusos.
Mas vayamos a los hechos: Resulta que en 1510 precisamente, tres años antes de tu Requerimiento, se produjo la primera gran autocrítica por parte española (única potencia colonial del mundo en la que se produce un fenómeno del calado de la llamada "duda indiana": ¿Nos asiste el derecho?) de los métodos de colonización de las Indias, y esa denuncia vino de la mano de la Iglesia. Me refiero al importantísimo sermón denigratorio de la encomienda, pronunciado por el dominico fray Antonio Montesinos en Santo Domingo ("¡Voz que clama en el desierto de esta isla!"), que ya había sido precedido por un ambiente hostil a este sistema colonizador por parte de los miembros la Orden Dominicana.
En palabras del prof. MORALES PADRÓN, la homilía conmovió los cimientos del imperio. Natural, el encomendero era explotador y de corazón duro, pero a la vez tenía enorme respeto por la religión y siempre escuchaba a los misioneros, que nunca faltaron en las colonias españolas y que gozaban de absoluta libertad de acción y crítica. Este movimiento provocó que la corona convocara una reunión de teólogos de cuyas deliberaciones nacieron las primeras Leyes de Indias.
En 1514 se producirá la conversión del ex-conquistador y encomendero Bartolomé de Las Casas. Al padre Las Casas, con todas sus exageraciones y neurosis, lo respetaron todas las autoridades civiles y fue el protegido del mismísimo Emperador Carlos V, quien ordena que sea elevado a la dignidad episcopal. El padre Las Casas es el inspirador directo de las famosas Leyes Nuevas (Jean DUMONT: Es más, la Corona obliga al silencio a los adversarios de Las Casas y de sus ideas). Sus críticas y las de los dominicos dan lugar al nacimiento de la Escuela de Salamanca y a la obra de Francisco de Vitoria, creadores del Derecho Internacional Moderno.
Pierre
CHAUNU:
Los verdaderos destructores de las Indias fueron los criollos burgueses ilustrados del siglo XIX. El blanco primordial de sus furias eran las órdenes religiosas, valedoras de las Leyes de Madrid, que protegían a los indios, objeto de las ansias explotadoras criollas. Ya en el siglo XVIII, los terratenientes portugueses y españoles arrojaron a los jesuitas de las reducciones del Paraguay (después lo harían de toda América). El deplorable espectáculo de las guerras guaraníes: ver caer a unos indios mal entrenados y peor armados, bajo el fuego de los bandeirantes de Sao Paulo, por orden directa del marqués de Pombal (los mismos ilustrados nos la quisieron meter doblada otra vez con la película "La Misión", llena de falsedades).
Estos sedicentes libertadores,
altos exponentes de la gran masonería criolla (digas tú lo
que digas, H.; y, si no, anda, dime donde se formó en la doctrina
francmasónica el campeón de los Grandes Maestres de todos
los Orientes: Giuseppe Garibaldi) fueron los
que echaron por tierra el precioso esfuerzo filológico de los misioneros
por fijar y dar lustre a las lenguas indígenas. Porque fueron los
criollos los que IMPUSIERON POR LA FUERZA EL CASTELLANO. El experimentado
filólogo y académico español, don Gregorio
Salvador, lo ha demostrado. A las consultas que el Consejo de Indias,
desconcertado por el respeto que los misioneros sentían por las
lenguas locales, hizo llegar en 1596 al rey Felipe
II, éste contestó:
¿Qué te parece el "monstruo abominable que oprimió a tantos pueblos"? Pues, presta atención a los "alumbradores de un mundo nuevo": Fueron los varones de las logias, inspirados por el estilo de la uniformadora Revolución Francesa, quienes desarmaron todo el complejo protector de las lenguas autóctonas que con tanto esmero levantó la Iglesia (catecismos, léxicos, métodos de aprendizaje, escuelas indígenas, producción literaria en lengua local...). Se excluyó de la vida civil a los indios que no hablaban nuestra lengua (¿alguien me puede decir si esto ha cambiado hoy?), a la que deshonraron imponiéndola a la fuerza en las escuelas públicas y en el ejército.
La paradoja la resume el dialectólogo,
prof. Salvador:
Miguel Ángel.
El Requerimiento
Francisco MORALES PADRÓN, catedrático que fue de la Universidad de Sevilla, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, correspondiente de la Academia de la Historia y uno de los más grandes americanistas españoles.
Historia
General de América (1003 páginas, tomo VI
del Manual de Historia Universal editado
por Espasa-Calpe en 1975):
Miguel Ángel
1998/05/31
H. escribió:
>
Has leído bien lo que has puesto? Todo ello no niega
>
lo que dije, sino que, por el contrario, lo corrobora.
¿Qué lo corrobora, dices? Mira lo que pusiste:
Este
documento lo llevaban consigo todos los conquistadores. Como te
puedes
imaginar con facilidad, es el documento legal que servía de
fundamento
para la conquista y posterior esclavización de los indios, de
la
que, como bien indica el documento, no eran responsables más que
sus
víctimas
por obligar a los conquistadores a tratarlos así.
El requerimiento no estuvo en vigor ni treinta años. Cosa que tú ni mencionas, lo que puede inducir a la falsa suposición de que tuvo una vigencia ilimitada. Tampoco se desprenden de tus palabras los problemas que hubo para hacerlo valer y las continuas críticas de que era objeto por los dominicos, hasta el punto de provocar la suspensión de las conquistas por orden de la Corona.
Tampoco adviertes que el requerimiento es una medida adoptada al socaire de las entonces vigentes leyes de Burgos de 1512. Promulgadas como fruto del sermón de fray Antonio Montesinos, declaraban la libertad de los indios, la necesidad de su evangelización, el derecho a que tuvieran una casa y hacienda propia, a percibir un salario justo. Proscribían los castigos corporales, señalaban para ellos 40 días de vacaciones cada cinco meses de trabajo (compruébalo si no me crees) y, aunque no suprimían la encomienda, procuraban su humanización mediante un sistema de informes e inspecciones, limitando el repartimiento a un mínimo de 50 indios y a un máximo de 150.
En tal sentido y hasta su conversión,
Bartolomé
de Las Casas fue un gran transgresor de las leyes de Burgos. El
propio requerimiento, a pesar de lo reprensible de su tenor literal para
un moderno, debe su redacción a un gran jurista de la época
y se trató de una medida que reconciliaba al Rey con su conciencia,
porque dotaba de apariencia jurídica (en derecho, esta expresión
no tiene sentido peyorativo) al acto mismo de la toma de posesión
(un escribano exponía a los indios en un formalizado protocolo...).
>
Que había discusiones y que había gente que no encontraba
justo lo que se estaba
>
haciendo, no lo niega nadie. Pero una cosa es eso y otra confundir a los
>
disidentes con la actitud mayoritaria.
No es cuestión de partidos, bandos o grupos. La opinión de un dominico pesaba más en el ánimo del rey y las altas autoridades del Estado que la de cien encomenderos. Fíjate si no en el trato exquisito y la amistad que Carlos I brinda al padre Las Casas hasta sofocar toda oposición a sus denuncias y promoverle al rango de obispo. Es más que evidente que las exageradísimas y hasta neuróticas cifras y denuncias que lanza Las Casas (por favor no me lo discutas: es opinión generalizada entre los historiadores españoles y los hispanistas extranjeros) tienen la poderosa virtud de conmover los cimientos de cualquier imperio por consolidado que se tenga. Sin embargo eran aceptadas sin discusión en la España del emperador Carlos V. Y lo que es más importante: provocaron el profundo cambio legislativo que trajeron las Leyes Nuevas.
Según el catedrático
de Hª de América de la U. Complutense don Manuel
LUCENA SALMORAL [a cuyos hijos, por cierto, cuento entre mis mejores
amigos] (La Ética en la Conquista de
América):
Miguel Ángel.
1998/06/01
H. escribió:
>
Miguel, podrías hacerme el favor de mirar la cantidad de tierra
>
conquistada entre 1492 y 1542, el año de promulgación de
las Leyes
>
Nuevas? Si te fijas un poco, te darás cuenta que hacia 1542 la gran
>
mayoría de las tierras del imperio colonial en América ya
están
>
conquistadas. Las Leyes Nuevas llegan un poco tarde.
¿Qué pasa, H.? ¿Que después ya no hubo que trabajar? ¿Que todo lo daba la tierra ubérrima, sin esfuerzo y sin labor? Pero ¿dónde habían llegado los españoles? ¿A la Tellus Saturnia, a la Edad de Oro?
>
Estamos en lo de siempre, Miguel. Un error no lustra a otro. No será
a
>
mí a quien oigas cantar las loas de la conquistas romanas, sanguinarias,
>
en muchas ocasiones, como pocas.
Pues qué manera más jeremiaca de pensar la vieja historia (y un rato anacrónica).
P. s.: El otro día vi un enterramiento precolombino, fidelísimamente reproducido (los muertos eran los de verdad), que hallaron en el oeste de México; a muchos metros bajo un volcán. Se trataba de un importante señor al que quisieron asegurarle un servicio cinco estrellas para su vida de ultratumba: sacrificaron a cuatro personas, que sepultaron a su vera. Allí estaban todos. Señor y siervos, con ajuar y abalorios. Impresionante. ¿Pero cuánto habría deslucido esa magnifica exposición si me hubiera dedicado a clamar justicia por aquellas víctimas inocentes y a amenazar al comisario con denuncias por apología del asesinato e inducción al delito?
Miguel Ángel.