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Ya publicado
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Una plegaria eucarísticaMi canon |
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Como conclusión de esta Catequesis eucarística ya he publicado -como buen escriba que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas- un par de textos y otro par de sermones, y prometí -también de este cajón de cosas nuevas y viejas- una "plegaria eucarística" o un "canon". Cumplir esta promesa podría resultarme bien fácil: sólo necesitaría publicar el canon o plegaria que desde hace unos cuantos años (yo diría que unos quince) acostumbro a utilizar en las celebraciones eucarísticas en las cuales tengo un cierto poder de decisión. Pero es una promesa más difícil de llevar a término si, aprovechando la ocasión, quisiera introducir los cambios que mi evolución espiritual de estos últimos años exigiría, ya que la celebración litúrgica de una comunidad debe guardar coherencia con la espiritualidad y teología de esta comunidad, y, si en el transcurso de los años hemos ido cambiando -aunque siguiendo ritmos diferentes- en nuestra espiritualidad y en nuestra teología, nuestra liturgia debe asumir estos cambios. |
Verdad es que la primera redacción tampoco respondía a mi "situación espiritual" de aquellos momentos, ya que era bien consciente que la "plegaria eucarística" o canon debía poder ser asumido por todos los que participaran en la celebración: no es la plegaria de quien preside, es la plegaria de toda la asamblea.
Al redactarla me dejaba guiar por los consejos de Jean Pierre Jossua en su libro La Foi en questions, publicado -con el título de Cuestión de Fe- por Sal Terrae el año 1989.
La eucaristía, insertada en el espacio y el tiempo, comprometiendo la imaginación y el cuerpo, es realizada por una asamblea, toda ella activa, que pone en práctica una parte de tradición formadora y una parte de improvisación actualizadora (ésta frecuentemente abolida por la rigidez ritual y las prohibiciones autoritarias).
Lo importante es que el gesto de la Cena ha podido siempre repetirse de nuevo: a veces bajo formas oficialmente legítimas pero pobres; otras veces bajo formas significantes pero alejadas de los cánones clásicos y corriendo el riesgo del empobrecimiento.
El derecho a renovar la Cena en su simplicidad inicial es algo inalienable para todos los cristianos, cualesquiera que sean, con tal de que se sientan en comunión con las Iglesias; pero ese derecho no supone la libertad de destruir la admirable síntesis de la celebración tradicional.
Tomando como modelos los cánones oficiales de la liturgia romana postconciliar (siguiendo más bien los del IV) iba introduciendo unos pequeños cambios:
No es un lenguaje a suprimir para siempre; diría que es un lenguaje que debería estar congelado durante un cierto tiempo, pues ahora lo entendemos generalmente de una manera demasiado física, demasiado realísticamente, y como si fuera la única encarnación de Dios y el único nacimiento virginal. Cuando olvidemos este sentido, podremos recuperar toda la riqueza religiosa, presente en muchas religiones, del símbolo de la encarnación de Dios y del nacimiento virginal
La metáfora del Dios encarnado
Un resumen de John Hick
Sería bueno que este lenguaje no volviera a ser recuperado. No es una invitación a apartar de nuestra visión la imagen de un condenado a muerte, sino a contemplar esta muerte como el resultado de una vida vivida coherentemente.
Cruz y salvación
Un texto de Lisa Sowle Cahill
Ahora he hecho un paso más: siguiendo las venerables plegarias eucarísticas que enontramos en la Didajé (o Doctrina de los doce Apóstoles) he suprimido las expresiones "mi cuerpo" y "mi sangre, expresiones que muy difícilmente fueron pronunciadas por Jesús.
No excluyo de ninguna manera que Jesús, en una de estas comidas/cenas, hubiera proclamado. siguiendo la tradición del voto del nazireato (Num 6, 1-8), la promesa de "no beber más del fruto de la viña hasta que el Reino de Dios fuera una realidad".
El Concilio Vaticano II comenzó la casa por el tejado. Lo primero que hizo fue la reforma litúrgica, la cual hubiera debido ser la último que hiciera, dando expresión a todo lo que el Concilio había innovado. Si una innovación del Concilio fue la de considerar la Iglesia como "Pueblo de Dios", la liturgia salida de este mismo Concilio seguía hablando de un "nosotros" y de un "ellos".
La doxología final la dejé en sus términos tradicionales, de significado trinitario:
Per Cristo, con él y en él,
a ti, Dios, Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos
...pero pasados unos años la sustituí por esta otra:
A ti,
presencia siempre escondida,
palabra y silencio,
te buscamos
desde las profundidades,
con todas nuestras palabras
y con todos nuestros silencios.
Después de un cierto tiempo, al saber por la lectura de "Ensayo sobre Miguel de Molinos" (cuyo autor es José Angel Valente), que sirve -en la edición de 1974 de Barral Editores- de introducción a la Guía Espiritual de este místico del siglo XVII (moría en Roma, en la cárcel del Santo Oficio, a finales de diciembre -el 28 o 29- de 1696), de que el anónimo inglés del siglo XIV, La nube del no-saber, declaraba que
En efecto, el anónimo inglés de The Cloud of Unknowing declara: Porque el silencio no es Dios ni la palabra es Dios (...) Dios está oculto entre ambos
introducía un pequeño cambio:
ni palabra ni silencio
Otro pequeño cambio introducido a la primera redacción era la designación de Jesús: la frase conocido como el hijo de José Y María, expresión que no encontramos en los escritos del Nuevo Testamento, se convertía en conocido como el hijo de María, expresión que encontramos en el evangelio de Marcos (6,3) y que deja el camino abierto a la consideración de Jesús como "hijo ilegítimo" (tema ya tratado en mi web)
Si quieres recordar
Jesús, ¿un hijo ilegítimo?
Mi amigo Isdidoro Galán, conocido ya por los habituales lectores de esta web, nos ha hecho reflexionar más de una vez sobre los títulos que damos a Dios. Estoy de acuerdo con sus afirmaciones de que a veces nos dirigimos a Dios dándole títulos (como Señor, Rey, Omnipotente...) propios de modelos sociales criticados en los evangelios, como puede ser el de "señor" (ku,rioj) (Mt 20,25; Lc 22,25)
| Sabéis que los jefes de las naciones
las dominan como si fueran los señores y que los grandes personajes las mantienen bajo su poder. |
Los reyes de las naciones
las dominan como si fueran los señores, y los que tienen poder sobre ellas se hacen llamar bienhechores |
|
| Oi;date o[ti oi` a;rcontej tw/n evqnw/n
katakurieu,ousin auvtw/n kai. oi` mega,loi katexousia,zousin auvtw/n |
Oi` basilei/j tw/n evqnw/n
kurieu,ousin auvtw/n kai. oi` evxousia,zontej auvtw/n euverge,tai kalou/ntai |
o el de "padre", figura -propia de una sociedad patriarcal- que no será recuperada por los seguidores de Jesús y del evangelio (Mc 10, 29-30),
|
Os lo aseguro: todo aquel que por mi y por el evangelio haya dejado casa
hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos, |
recibirá, ya en este tiempo, cien veces más en casas
hermanos, hermanas, madres, hijos campos, y también persecuciones, y, en el mundo futuro, la vida eterna. |
crítica seguida por esta clara advertencia: "No es este vuestro modelo, no ha de ser este vuestro estilo; no ha de ser así entre vosotros..." (ouvc ou[twj e;stai evn u`mi/n)
De hecho, podemos decir que las plegarias oficiales no se exceden a la hora de conceder los títulos. Encontramos los títulos de Señor, oh Dios, Dios nuestro, Dios del universo, Dios omnipotente y eterno, Dios todopoderoso, y el de Padre, casi siempre acompañado de un adjetivo: misericordioso, todopoderoso, santo.
He mantenido los títulos de Señor y de Padre santo, pero los lectores de mi web ya saben que mi problema no yace en la cuestión de con qué título nos podemos dirigir a Dios, sino si podemos referirnos a Dios como si fuera un "tú", una persona que nos escucha y que nos habla y que puede intervenir, de una o de otra manera, según nuestras peticiones y súplicas, en los acontecimientos de nuestra cotidianidad humana.
Pero ya he dicho que la plegaria eucarística es la expresión de una asamblea, y no la manifestación de la evolución teológica-espiritual de uno de sus participantes, aunque éste haga a veces las funciones de "presidencia".
En este sentido, esta plegaria está pensada para ser proclamada por todos los que participan, ya sea en una lectura hecha, desde el principio al fin, por todos juntos, ya sea distribuyendo -para dar una cierta variedad litúrgica- las diversas partes del texto entre unos y otros.
Todos los participantes están invitados a pronunciar las "milagrosas" palabras de la "consagración", que parecían ser patrimonio exclusivo de los ministros ordenados.
La llamada "oración de los fieles" (que se acostumbra a hacer antes de la presentación de las ofrendas) queda incluida dentro de esta plegaria única de toda la asamblea: no hay una plegaria de los fieles y otra plegaria del sacerdote o sacerdotes concelebrantes.
El rito de la presentación de las ofrendas también lo suprimo
Algunos títulos cristológicos, que a algunos pueden parecer novedoso, tienen una autoría suficientemente reconocida. Proyecto de toda la creación se la debemos a Juan Mateos/Juan Barreto, en su obra El Evangelio de Juan. Análisis lingüístico y comentario exegético (Ed. Cristiandad 1979). El hombre siempre libre para los otros es un préstamo de Dietrich Bonhoeffer, aunque no sé si tiene orígenes más remotos.
Como podréis observar esta plegaria eucarística es -en términos modernos- un "kit compacto", ya que lo que decimos "comunión" queda incluido dentro de ella. Y así podemos omitir la triple invocación al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, con la doble súplica de ten piedad de nosotros y el infantiloide no soy digno de que entres en mi casa.
Desde hace muchos años, procuro no comenzar nunca la misa con aquel Hermanos: antes de celebrar los sagrados misterios reconozcamos nuestros pecados y hago también un salto a todos los ten piedad. Después vi que Jacques Pohier me daba la razón.
El pecado,
¿es algo tan importante?
Un texto de Jacques Pohier
Lector bartiano -en mi época de estudiante de teología- de la Carta a los Romanos, no me puedo considerar de ninguna manera de aquellos que ignoran la dimensión "pecaminosa" de nuestra humanidad, aunque no me siento obligado a explicarla a través del mito de un "pecado original" (primer eslabón necesario para poder después postular una "historia de salvación"), ni obligado a urgir su reconocimiento como única manera que tiene el hombre para presentarse ante Dios. Karl Rahner, pocas semanas antes de morir, nos manifestaba su acuerdo.
El "corazón" del mensaje cristiano
Un texto de Karl Rahner
"Nuestros pecados", nuestra radical dimensión pecaminosa, es afirmada en la plegaria que me sirve de conclusión a toda la celebración eucarística: la oración por la paz. No mires nuestros pecados, sino la fe de todos nosotros.
| TODOS | Te damos gracias, Padre Santo,
por Jesucristo, tu Hijo. |
| Por él, que es tu Palabra,
Proyecto de toda la creación, hiciste todas las cosas: para que tuviésemos vida y la tuviésemos en abundancia. |
|
| El, conocido como el hijo de María,
no cerró sus oídos a los gritos de los sin-vida: hambrientos, enfermos, posesos, oprimidos... |
|
| Fiel a las palabras de tus profetas,
para destruir todo lo que da muerte y avivar toda luz de vida, siguió conscientemente su camino hasta morir condenado. |
|
| Extendiendo sus brazos en la cruz,
seguía abriendo los caminos de tu Reino. |
|
| Por eso,
juntamente con todos los hombres y mujeres que a lo largo de los siglos y desde los cuatro puntos del universo han encontrado el gozo de vivir como él, proclamamos tu gloria, diciendo: |
|
SANTO, SANTO, SANTO...
| TODOS | Te damos gracias,
Padre Santo, fuente de la vida: de Ti brota todo lo que es vida en abundancia. |
| Te damos gracias por Jesús de Nazaret,
el hombre siempre libre para los demás: en su libertad de amor hemos descubierto el sentido de nuestras vidas. |
|
| Te damos gracias
por la vida y testimonio de todos aquellos que han vivido su fe delante de nosotros y a quienes Jesús nos enseñó a llamarlos "Bienaventurados". |
|
| QUIEN
PRESIDA |
Te pedimos que el Espíritu de Jesús,
que renueva en continua creación todas la cosas sobre la faz de la tierra, renueve este pan y este vino, frutos de la tierra y del trabajo, para que sean para nosotros signo del memorial de Jesús. |
| LECTOR 1 | Recordamos, pues, como El mismo,
habiendo convocado las multitudes, hombres y mujeres, pecadores y publicanos tomaba un pan, pronunciaba la bendición, lo partía y lo daba, diciendo: |
| TODOS | Tomad y comed todos. |
| QUIEN
PRESIDA |
Tomemos y comamos todos |
Es el momento de repartir y de comer el trozo de pan entre los participantes.
| LECTOR 2 | Recordamos también cuando,
reunido con su grupo, una vez acabada la cena, tomaba la copa, pronunciaba la acción de gracias, y se la pasaba a todos, diciendo: |
| TOTS | Tomad y bebed todos de ella:
es la copa de la nueva alianza. |
| QUIEN
PRESIDA |
Tomemos y bebamos todos |
Es el momento de pasar la copa entre los participantes.
| QUIEN
PRESIDA |
CUANTAS VECES COMÁIS DE ESTE PAN
Y BEBÁIS DE ESTA COPA, HACEDLO EN MEMORIA MÍA HASTA EL DÍA EN QUE BEBAMOS JUNTOS EN EL REINO DE DIOS. |
| LECTOR 3 | Este es el misterio de nuestra fe |
ANUNCIAMOS TU MUERTE...
| TODOS | Así, pues,
al celebrar ahora el memorial de nuestra libertad, recordamos la muerte de Cristo, proclamamos su resurrección y, mientras esperamos su venida, te pedimos que el Espíritu de Jesús congregue en un solo cuerpo a cuantos participamos de esta acción de gracias. |
| Acuérdate, Señor,
de tu Iglesia peregrina en la tierra, llamada a ser levadura, sal y luz: que sepamos ser, siguiendo a Jesús, anuncio incansable de tu Reino. |
|
| LECTOR 4 | Acuérdate..., |
Los participantes pueden expresar plegarias más personales
| LECTOR 4 | Acuérdate, Señor, de todo tu pueblo, y de todos los que te buscan con sinceridad de corazón. |
| QUIEN
PRESIDA |
Acuérdate de todos aquellos que siguen vivos
en el recuerdo de los que estamos aquí reunidos: que, habiendo ya compartido la muerte con Cristo, perduren siempre para nosotros como testimonios vivos de su Espíritu. |
| TODOS | Padre de bondad,
acuérdate de todos nosotros: concédenos que, juntamente con María, su madre, con los apóstoles y santas mujeres que siguieron a Jesús por los caminos de Galilea, con todos aquellos que han sido tus amigos a lo largo de los siglos, tengamos un lugar en tu Reino para dar la buena noticia a los pobres, anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y proclamar el año de tu gracia. |
| TOTS | A TI,
PRESENCIA SIEMPRE ESCONDIDA, NI PALABRA NI SILENCIO, TE BUSCAMOS DESDE LAS PROFUNDIDADES, CON NUESTRAS PALABRAS Y CON TODOS NUESTROS SILENCIOS. AMEN |
La celebración eucarística se acaba con la recitación del "Padre Nuestro", la oración por la paz y con el deseo de que "La paz del Señor sea siempre con todos nosotros"
Final de la
CATEQUESIS EUCARÍSTICA
| Gracias por la visita
Miquel Sunyol sscu@tinet.cat 31 julio 2007 Última actualización: Julio 2009 |
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Una opinión muy difundida sobre la salvación cristiana es que los creyentes son salvados en virtud de los padecimientos de Cristo, que soportó la muerte en una cruz como castigo por el pecado humano. En esta noción de salvación, cuyo origen se atribuye a Anselmo de Canterbury, teólogo del siglo XI, la cruz de Cristo sustituye al castigo que los seres humanos merecen.
Al padecer en nuestro lugar, Cristo satisface la justicia de Dios y reconcilia a Dios con nosotros, de manera que podemos disfrutar de la vida eterna en vez de sufrir la condenación.
Como se explicará más adelante, este modelo de salvación no era de Anselmo, en realidad. El modelo de la "sustitución penal" aparece ya con Orígenes (185-254), que veía la muerte de Cristo como un sacrificio propiciatorio; es promovida y popularizada por los Reformadores, especialmente por Juan Calvino; sin embargo, no es el modelo exclusivo ni dominante de la tradición.
No obstante, la idea de que Cristo al morir carga con un castigo que Dios exige como condición para la expiación, y la de que el objetivo de la encarnación es la cruz, han tenido gran influencia en la imaginación y la piedad popular cristianas.
En décadas recientes, este modelo de salvación mediante la cruz se ha visto sometido a un ataque teológico.
Lisa Sowle Cahill
La salvación y la cruz
Concilium, nº 326 (junio 2008)