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Los triángulos de la muerte · Abominables hombres · Extrañas explosiones · Grandes enigmas vivientes · El bondadoso habitante del lago NESS · Los que se fueron a otra dimensión · Principal
EL
BUQUE FANTASMA Un
diario de provincias, de la región de Filadelfia, en Estados Unidos, en un número
correspondiente a los últimos meses del año 1943, daba cuenta en su sección
de sucesos de un tremendo alboroto, promovido por un grupo de marineros en un
bar de los suburbios.
A
través de los datos que suministraba el periódico, y según se iba leyendo
la noticia, la riña se produjo sin motivo aparente, y como consecuencia del
alcohol ingerido y los ánimos exaltados, en una discusión trivial entre los
soldados y un grupo de clientes, que compartían con ellos el güisqui y la
madrugada.
Un
suceso vulgar, sin más trascendencia; a no ser que se considere que cuando llegó
la policía, para poner un poco de orden allí, en el interior del bar no
quedaba ni uno solo de los marineros revoltosos. No habían abandonado el local
por la puerta, sino que, a decir por las empleadas, se habían esfumado como
por arte de magia, es decir, se habían hecho invisibles. La noticia, planteada
así, no era creíble. No estamos acostumbrados, ni siquiera la policía, a
sucesos tan... chocantes.
No
pasaron las cosas de ahí y la insólita noticia fue olvidada, a la vez que el
diario comenzó a dormir su sueño de fecha pasada en los archivos. Y, sin
embargo, tanto a la policía como a los reporteros, se les pasó la circunstancia
de que los marineros alborotadores pertenecían a la dotación de un buque de
guerra experimental identificado como el D. E. 173.
Si
lo que vio Carlos Allende era verdad, el desenlace de la bronca comienza a tener
sentido. Los marineros que promovieron el tumulto eran los mismos que, antes o
después, consiguieron la invisibilidad a bordo del ELDRIDGE D. E. 173.
volando, Dios sabe por qué medios, en un instante hasta Nortfolk, donde
recobraron su identidad visible durante breves momentos, para esfumarse de nuevo
y reaparecer en su lugar de origen del Centro Naval de Filadelfia, en un viaje
de ida y vuelta increíble, rompiendo en mil pedazos todas las sólidas leyes
del tiempo y del espacio.
Después
se ha sabido que, prácticamente la totalidad de la tripulación del prodigioso
barco, fue licenciada y muchos de sus componentes fueron considerados poco menos
que dementes por las autoridades. Otros desaparecieron, esta vez se teme que
por procedimientos más ortodoxos, y el buque de guerra ELDRIDGE D. E. 173 fue
vendido a Grecia el 15 de enero de 1951. Quién sabe si andará todavía por
ahí, cruzando mares con su enorme incógnita a bordo. Pero, seguramente, lo que
ha de saberse, antes o después se sabrá. Es como si la Humanidad dispusiera de
unos recursos de aspecto casuales, capaces
de sacar a flote aun los secretos más escondidos.
Y
así, por una aparente casualidad, vinieron a caer algunos testimonios
incoherentes en manos de determinados investigadores de lo extraño que,
tirando del hilo, poco a poco, y con muchas dificultades, porque se topaban
siempre con el muro del silencio oficial, fueron llegando hasta el principio.
Fruto del esfuerzo de todos ellos ha sido el trabajo de William Moore y Charles
Beriitz, que con el título de "El experimento Filadelfia" ha visto la
luz recientemente.
Carlos
Allende, desde la cubierta del mercante "Andrew Furuseth", contempló
un experimento de invisibilidad, realizado con un buque de guerra y su tripulación
en el Centro Naval de Filadelfia. En dicho experimento se trataba de hacer
invisible el barco y todo su contenido, seguramente para emplear el
procedimiento en la guerra con todas las ventajas que ello traería consigo.
No
es un secreto que el ejército de los Estados Unidos contaba, como todos los ejércitos,
con un amplio equipo de investigadores, entre los que se encontraba Albert
Einstein. Y el experimento, según todos los indicios y al decir de Allende,
resultó un éxito. se consiguió
la invisibilidad del ELDRIDGE D. E. 173. Este barco, de 93 metros de eslora,
1.240 toneladas y 1.900 a plena carga, desapareció dentro de un campo de energía.
Del hecho existen bastantes pruebas, entre ellas algunas filmaciones oficiales
estadounidenses, secretas, pero que algunas personas han conseguido visionar, y
que quedan reflejadas en el libro de Moore y Berlitz.
Para
llevar a cabo una investigación ordenada del caso, era necesario, en primer
lugar, encontrar los diarios de a bordo del mercante "Andrew Furuseth"
y del ELDRIDGE, durante las fechas en que el experimento debió llevarse a cabo.
Luego, localizar a los componentes de ambas tripulaciones. Los diarios de a
bordo no aparecieron, porque las autoridades los habían requisado; y de los
tripulantes de uno y otro barco sólo pudo saberse que la mayoría había
desaparecido, sin dejar rastro, o se hallaban internados en centros psiquiátricos,
sin posible rehabilitación.
Del "Andrew Furuseth" apareció el diario del maquinista. Sus anotaciones pusieron en evidencia que el mercante había regresado al puerto de Filadelfia, procedente del norte de África, en los días en que Carlos Allende y otros testigos, que aparecieron después, dijeron haber presenciado el experimento de invisibilidad. Esto estaba en contra de la versión oficial que recogió Jessup, y que hacía totalmente imposible que el "Furuseth"
hubiera arribado al puerto de Filadelfia a finales de octubre de 1943.
Del
D. E. 173 se supo que, aunque la fecha de entrega "oficial", en que
los astilleros depositaron el buque en manos de las autoridades navales,
correspondía al mes de julio, desde un mes antes, aproximadamente, se estuvo
utilizando en una serie de experimentos de camuflaje de barcos para radar,
en aguas del Atlántico Norte. Las citadas pruebas consistían en hacer
invisible el barco a "los ojos" del radar, mediante la creación de un
campo magnético envolvente. Consta que los experimentos resultaron un éxito
total. Y ese triunfo debió ser lo que animó al equipo de investigadores, entre
ellos Einstein, a proseguir, buscando la invisibilidad real.
La
diferencia de capacidad de carga que el buque tenía en el momento de ser
entregado a la fuerza naval, y la que tenía cuando fue entregado oficialmente,
no eran la misma. En el momento de abandonar los astilleros registraba 1.240
toneladas de peso y 1.900 toneladas a plena carga. Pero un mes después, las
cifras quedaron modificadas de la manera siguiente: 1.620 toneladas de peso y
1.900 toneladas a plena carga. Lo que índica que el peso del buque se vio
incrementado en 580 toneladas.
Según
los expertos, ese incremento de peso corresponde a los potentes electroimanes
que el barco encerraba en sus bodegas, y que hacían posible el desarrollo de
los experimentos. Cuando el D. E. 173 fue adquirido por Grecia, las 380
toneladas de exceso habían desaparecido.
Los
científicos coinciden en que el experimento es posible, y aseguran que la
descripción que hizo Carlos Allende, se ajusta a lo que debe ser el resultado
de los potentes electroimanes en acción dentro del barco: un zumbido de
intensidad progresiva y la aparición de una nube magnética, cada vez más
consistente, de color verdoso opalino, que gira en sentido inverso a las
manecillas del reloj. Se admite que esa especie de coraza energética puede llegar
a camuflar un objeto, en este caso un buque de guerra, de tal manera que los
radares no consigan captarlo.
Pensemos
por un momento las grandes ventajas que supondría en una guerra, como la que se
estaba desarrollando entonces, el hecho de que los buques, y los aviones, además
de haber logrado la invisibilidad ante el radar, pudieran también convertirse
en realmente invisibles. Era eso lo que se pretendía, con toda seguridad,
El
genio que puso en marcha el proyecto fue Albert Einstein, desde su cargo de
asesor científico de la Marina. Y el origen se basó en el desarrollo de la que
se ha llamado Teoría del Campo Unificado.
No
es fácil, por supuesto, resumir en pocas palabras una teoría tan compleja y
que exige unos conocimientos matemáticos y físicos muy profundos. Pero basta
definirla como un conjunto de ecuaciones, en las que se incluyen las
interrelaciones de las tres energías básicas, como son la electromagnética,
la gravedad y la energía nuclear, y sus consecuencias, es decir, todas las
circunstancias de luz, sonido y movimiento que enmarcan la acción de esas
energías. Pruebas de laboratorio han demostrado que entre las energías y sus
circunstancias, hay una relación también muy estrecha, y actúan siguiendo el
cauce de la causa-efecto. Potentes electroimanes a plena carga provocan un
desplazamiento, o una tendencia de desplazamiento, y una serie de fenómenos
lumínicos, de sonido, etc.
El
buque D. E. 173 realizó varias pruebas de invisibilidad antes de que se llevara
a efecto el experimento llamado de Filadelfia. Todo debió marchar a la perfección;
pero no se tuvo en cuenta el factor humano, quizá siguiendo la antigua máxima
militar de que en la guerra vale más una muía que un soldado.
El
día D a la hora H, uno de los últimos días del mes de octubre de 1943, el
buque fue estacionado en uno de los muelles del Centro Naval de Filadelfia. No
se trataba de un experimento extraordinario, sino de uno más en la cadena de
pruebas que se venían realizando. Los electroimanes, con un peso total de
380.000 kg, se pusieron en marcha en la bodega y fueron paulatinamente aumentando
su acción. El murmullo inicial, semejante al que produce la proximidad de un
condensador, fue subiendo de intensidad, a la vez que se formaba alrededor del
casco metálico un campo de energía, de una gran tensión. De pronto, el barco
desapareció de la vista de todos. No estaba allí, sino a unos cientos de kilómetros,
en Nortfolk. No sólo se había conseguido la invisibilidad, sino que se había
conseguido también el traslado, fuera del tiempo, ignorando la realidad del
espacio, ajeno por completo a los principios de la velocidad. Fue como si de
pronto el barco hubiera saltado a otra dimensión, a través de un desgarrón en
el éter.
Será
lo mejor pensar que los responsables del experimento, tanto los científicos
como los altos mandos de la Marina, no tenían previsto que ese desenlace
pudiera suceder. Que el resultado sorprendió, antes que a nadie, a ellos
mismos. Pero tuvieron la obligación de considerar que es peligroso jugar con
las fuerzas de la naturaleza, que interrelacionar las tres energías madres del
Cosmos podría dar lugar a un fenómeno insospechado.
Si
se llevó a efecto realmente el
experimento de Filadelfía, se nos ocurren varias preguntas: ¿Por qué secretos
de la energía el buque, un pesado destructor, alcanzó la invisibilidad? ¿Cómo
pudo trasladarse en un instante difícil de medir hasta el puerto de Nortfolk y
materializarse allí? ¿Estaba previsto que esto último sucediera? ¿Desapareció
el barco de verdad o fue solamente una "impresión"? Es
una incógnita demasiado importante que quizá permanezca para siempre como un
enigma, entre la realidad y la ficción.
Un
hombrecillo, con aspecto de mendigo, abordó a los marineros James Davis y Alien
Huse, en el Memorial Park de Colorado Springs, en una noche del verano de 1970.
Era uno de los tripulantes del D. E. 173, que sufrió en su cuerpo y en su espíritu
el impacto del experimento. Este hombre dijo que trataron de convencerles de
que aquello no había ocurrido, y les obligaron a jurar que guardarían el
secreto, a pesar de que nadie iba a creer semejante historia. Les dieron la
baja por incapacidad mental, por sí a alguien se le ocurría tomarlos en serio.
Así, si alguien iba a la Marina con preguntas, ellos podrían decir que todo
era un cuento, inventado por un hatajo de chiflados. Hay que reconocer que.
desde el punto de vista de la
seguridad, es una jugada maestra. |